martes, 9 de mayo de 2017

Primavera / primatoño


El tiempo transcurrido de ésta estación, ha sido de lo más cambiante. Una entrada de primavera muy cálida. Para luego a finales del pasado mes de abril, irrumpir un frente gélido.
Esto ha tenido unos efectos visibles en el paisaje.  Y  en muchas especies, que durante esta época, estan llevando a cabo las labores más delicadas de su reproducción.
 En la imagen inferior, unas ciervas ramonean, en un paisaje helado. Por debajo de la linea de nieves caidas en los últimos días.

 Con la subida de las temperaturas, vuelve ha recular la capa de nieve.


 Rebeco iniciando su huida.
 Una hembra, acompañada ya de una cría del año.
Y en las siguientes fotografías, una pareja de pitos negros (Dryocopus martius).
Han ubicado su nido, en un recio ejemplar de haya. Turnándose en las labores de incubación de los huevos, ambos progenitores.
 En la toma superior, el macho junto a la boca del nido. Y debajo , el mismo reclamando, antes de acudir a relevar a la hembra. que está dentro del nido.
 Debajo, la hembra posada en una rama. Espera a su vez, para entrar ha relevar al macho en la incubación de la puesta.
 Debajo, la misma justo antes de entrar al nido.
Las próximas imágenes muestran una pareja de cárabos. Lo cuales interactuaban, en un umbrío hayedo de montaña. Se pueden apreciar las hojas de las hayas , quemadas por las heladas de los pasados días.





 Una cierva y su cría, descienden hacía el valle.
Las cimas, ya se vuelven a mostrar practicamente sin rastro de nieve.

 Una cierva, aprovecha los jugosos pastos primaverales.
 En la foto inferior, la mezcla de colores que el  bosque muestra en algunas zonas. Parece una intersección, entre primavera y otoño.
 Dentro del hayedo, por encima de los 1350 m.s.n.m. Una pareja de carboneros palustres (Poecile palustris). Han utilizado una oquedad en el tronco de un haya, para hacer su nido. El cual la hembra habrá forrado con musgo, plumas y pelo. Y en el que ahora ,debe estar la misma incubando los huevos. El macho acude a alimentarla, durante todo éste periodo.


                                         Encima una piara de jabalíes, compuesta por madres acompañadas de sus                                             crías (rayones). Atravesando un brezal de montaña.
                                         Debajo un ejemplar de culebra viperina (Natrix maura)
                                        Diversos ejemplares de Culebra de collar (Natrix natrix)
                                     



                                          Debajo ua víbora cantábrica (Vipera seoanei)



Un ejemplar macho adulto de lución (Anguis fragilis)


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jueves, 23 de febrero de 2017

Hayedos cantábricos








Ya hace tiempo desde la última entrada que subí a éste blog. Así que  ahí va una y se la voy a dedicar,  a uno de los ecosistemas, donde más tiempo suelo pasar en mis salidas naturalístico-fotográficas (digámoslo así). Siento,  digamos debilidad o apego a éstos  mágicos bosques .

Sabemos que un bosque, es una unidad funcional básica de la naturaleza. La cual comprende tanto un grupo de organismos vivos como el ambiente físico y químico en que viven y que funciona a base de energía procedente de toda ella, en principio el sol. Todos los elementos que constituyen el bosque están ligados por redes tróficas y flujos de energía y nutrientes, afectándose entre sí de manera que se autorregulan en relación con la cantidad de energía disponible en ese ecosistema.

Aunque se supone que la región asturiana estaba en la antigüedad casi completamente cubierta de bosque, el aumento de la población humana y el ganado doméstico, origino una perdida gradual del mismo.
El carácter templado del clima asturiano se manifiesta en la dominancia en su territorio de los bosques planocaducifolios, los cuales representan el 95% de los bosques autóctonos de Asturias, llegando a ocupar el 20% del total de su superficie.

Los grandes bosques de frondosas autóctonas han quedado actualmente prácticamente acorralados en las laderas de la Cordillera Cantábrica., quedando ese resto de lo que antaño fue un patrimonio forestal de incalculable valor ecológico. Hayas y robles han sido las especies principales del bosque natural asturiano, acompañadas de un número variable de otros árboles dependiendo de la orientación y condiciones de los suelos en los que se asientan estos.


Los hayedos son posiblemente los bosques más representativos de las zonas montañosas de la cordillera Cantábrica en las altitudes comprendidas entre los 700 y los 1.900 m.
Estos bosques en que la especie dominante es el haya (Fagus sylvatica), están ligados a zonas de elevadas precipitaciones, superiores a los 1.400 m.m anuales, por lo que prefieren laderas umbrosas, afectadas siempre con menos horas de luz. En las que las condiciones propician la aparición de abundantes nieblas estivales.

Los hayedos se caracterizan por tener un estrato arbustivo poco denso y un abundante estrato herbáceo. Dependiendo del sustrato que ocupen, se diferencian entre oligótrofos o eútrofos. Los primeros son suelos con bajo contenido en nutrientes y los segundos al contrario, con un alto porcentaje de los mismos.

La superficie cubierta por los hayedos en Asturias es de 56.033 ha, que supone el 5,3% de la extensión del Principado. Representando a su vez el 25% del total de los bosques autóctonos del mismo.

Los árboles y las plantas captan el dióxido de carbono, agua y nutrientes minerales (nitratos y fosfatos, etc), sintetizándolos en materia orgánica en forma de moléculas complejas, cuyo elemento central es el carbono.

La biomasa, osea los tejidos vivos,y la necromasa, que son los tejidos que estuvieron vivos o formaron parte de un ser vivo, tanto una como la otra deben permanecer en los ecosistemas para garantizar que los organismos detritívoros y descomponedores reciclen estos nutrientes, poniéndolos a disposición de un nuevo ciclo de producción.

El hayedo es el hogar de una gran variedad de mamíferos, pájaros, anfibios y reptiles. Aunque no se puede cuantificar con exactitud el número de especies de vertebrados que componen este bosque, se estima que un haya puede dar cobijo a 2.000 especies de insectos y otros invertebrados.

Al andar por dentro de estos bosques nos podemos llevar la impresión equivocada, de que muestran una belleza casi mágica pero solitaria. Nada más lejos de la realidad, para ello nos bastará con leer los mensajes que se muestran en el medio,de las diferentes especies animales que allí habitan.
Y si andamos cuidadosamente, respetando la tranquilidad que impera en ellos. Y nos acompaña la suerte, podremos observar a algunos de sus moradores ....




En la toma superior , un joven macho de rebeco cantábrico. Sorprendido dentro de un hayedo maduro, con abundante materia en estado vegetatívo. Como el tronco de haya , atravesado derás de él y que tuvo que saltar al iniciar su huida.

En la toma superior un tejón (melandru en asturiano) es la especie de mayor tamaño de la familia mustelidae, en el sur de Europa.
De hábitos marcadamente nocturnos, suele salir de su madriguera, una vez entrada la noche. Aunque en ésta época andan renovando el material de sus camas. Siendo posible avistarlos con luz, en el entorno de las tejoneras.
A éste ejemplar, pude verlo en un primer momento, persiguiendo a un congénere suyo. Bajaban a la carrera una pendiente dentro del bosque. Corrían con la mayor facilidad, por un lecho tapizado de hojas secas y salpicado de rocas, con innumerables cavidades.
Luego armándome de paciencia conseguí fotograiarlo más tarde, ya cuando estaba regresando hacia la tejonera.

En las fotografías siguientes, un oso adulto. El cúal aprovecha los débiles rayos de sol, una gélida jornada. Para recolectar  hayucos, de entre el tapiz de hojas que cubren el suelo.











En los roquedos calizos que dominan ésta masa forestal. Encuentran refugio ante cualquier alarma, los rebecos. Como el  macho dominante, de la siguiente imagen. El cual controla desde ésta atalaya el entorno.


 Debajo una hembra encaramada en una peña, junto a una pared tapizada de hiedra.

Un Águila real sobrevuela por encima las enormes paredes calizas, que suponen el colofón del hayedo.

  


Y en la imagen siguiente un macho de corzo. Sorprendido al amanecer, mientaras pastaba en  una campera  limitrofe con el hayedo. Muestra  una cuerna  en formación, con un marcado crecimiento desigual.

Ya metido en el hayedo y cuando intento localizar a unos rebecos, en la zona que empieza ha estar más iluminada del entorno, situada a mi izquierda. Algo llama mi atención en el margen de mi visión periféfica. Cómo no,  en la zona contraria ,que aún permanece casí en penumbra.
Un zorro me observa curioso, está asomado encima de unas peñas tapizadas de musgo y hepáticas. En ese laberinto de rocas , que esconden cavidades semi-ocultas por la hojarasca y restos de ramas en estado vegetatívo.

Con la llegada del sol, numerosas aves animan el interior del bosque. Proporcionando una compañia, muy estimable.
Debajo un trepador azul.

Y el bullicioso carbonero común

Ariba un mito, mienbro de uno de los bandos en los que se suelen mover, a través de las laderas del bosque 
Y debajo un reyezuelo listado, ya en los márgenes del hayedo, pegado a los pastizales . Es el  representante de nuestra avifauna, que detenta el titulo de pájaro más pequeño de nuesta región.
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sábado, 10 de diciembre de 2016

Rebecos cantábricos en celo

 Arriba un macho dominante, el cual  utiliza estas peñas que afloran entre el hayedo para divisar el entorno de su territorio.

 Ahora si visitamos los lugares adecuados, podemos encontar a los rebecos mucho más activos que el resto del año, pues están en pleno celo.
Aunque son animales sociales, una vez alcanzada la madurez durante la mayor parte del año ambos
sexos viven separados. Reuniéndose durante la época de celo, la cual tiene lugar principalmente en
noviembre. Las manadas de hembras, crías y jóvenes son más grandes que los grupos de machos,
dependiendo el tamaño de los grupos de la cantidad de alimento disponible.
Frecuentemente los grandes machos dominantes buscaran la soledad la mayor parte del año
excepto para reproducirse.

En la fotografía inferior una hembra vigila en este promontorio, detrás del cual se encuentra el resto del rebaño.
En el ecotono de transición entre el bosque y los pastizales alpinos, frenados por unas inmensas paredes calizas. Las nieblas se enganchan con facilidad, convirtiéndose en un aliado de  éstos bóvidos. Los cuales te oyen, mientras tu no los puedes ver.
Debajo podemos ver un viejo ejemplar de tejo, retorcido y recortado por las inclemencias, del duro clima imperante en estas cotas de la umbría ladera.
Acebos y mostajos encontramos también desperdigados. Entre las manchas de hayedo que consiguen llegar a mayor altitud, en éstos sustratos éutrofos.
 Macho de rebeco dominate persiguiendo una hembra.
 Abajo una parte de uno de los rebaños, que se mueven en la zona.
 Detalle del mismo. Con una hembra y su cría  sentadas tranquilamente.
 Un vigía
 Macho dominante en alerta
 Una mirada hacia el fotógrafo, de éste joven ejemplar rodeado de su rebaño.
 y otra de una cría de éste año. Con esos penachos de pelo que ocultan unas incipiente cuernas.
 Debajo interacciones de celo, del macho dominate en ésta parte de la ladera. Con hembras y machos rivales




 Debajo, con la típica actitud de alerta, cuando se percató de mi presencia
 Ejemplar atravesando un corredor contiguo a la pared caliza, justo encima mio.

Otro macho dominante, gestiona sus intereses reproductivos . En una zona al  oeste del territorio del otro macho predominante en  esa vertiente.

 Balando para expulsar a otros machos y dar muestras de su liderazgo, ante las hembras en edad reproductora
 Al fondo cumbres de Las Ubiñas
 Vista de la parte inferior del valle.
 Y para finalizar, una vista del hábitat de estos ungulados.
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